sábado, 10 de enero de 2026

El eterno inmutable

¿Qué mano puede detener el tiempo y devolverlo?

¿Hacia dónde desfilan los milagrosos peregrinos de la carne?

¿Cuándo se vuelven contra sí los guardianes de la muerte?

¿Por qué ríes ahora, eterno inmutable, si ya nada te conmueve?


Dispara

Recorre, recorre el terreno,

busca el lugar justo

donde perforar la imagen de tus sueños.

Apresúrate o perderás el tren 

que te saque de este mundo.

Es tu mano temblorosa apuntando al núcleo de tu ser,

quien te empujará por los rieles muertos

de una estación sin nombre.

Recorre, recorre tu sangre hirviendo,

tu piel cansada de injusticias

y dispara.


Culminación

 Repentinamente, como quien sale de un oscuro callejón,

saltó la muerte sobre su boca,

tragándose su aliento tibio.

El diente tembló hasta caer rodando sobre su pecho.

Vio la noche el desesperado ojo

clavado en centro de sus órbitas.

Nació el reino de las sombras.

Una mueca dibujada en la palidez del otoño

encierra al sueño mostrándose impávida,

tan serenamente suya.

Una larga y fría espera sacude su piel

cubriéndole las manos de enebro.

Que la tremenda suerte no sea desdicha

y su final no sea el mismo,

que los cuerpos calcinados en su nombre

no se pudran en vano.

Que nada sea como debe ser.

La carne llora su propia tragedia.

La última cena

 En esta mesa donde comerán las almas su propia carne, 

cenaré.

Y estaré sentado en un largo trono de barro,

bajo la majestuosa sombra de una montaña

para beber la sangre no inmolada

y comer la piel desnuda de este mundo incierto.


Cenaré, 

desde esta mesa en llamas

para salvar a la humanidad dormida.



Cenizas

 Después de mi muerte

¿quién dormirá en mi almohada?

Después de mi muerte

 ¿quién usará mi ropa?

Después de mi muerte

¿quién besará a mi amada?

Después de mi muerte 

¿quién recordará mi rostro?

cuando mi cuerpo se quiebre

y yo sólo sea cenizas 

esparcidas en el tiempo.

Mírame

 Mírame y verás sabiduría,

mírame y tendrás el cielo

cubierto de lienzos blancos,

alfombras verdes sobre puentes oscuros.

Mírame y hallarás la luz.

Mírame y comprenderás las guerras,

los vientos y las catástrofes.

El odio huirá de tu boca

y la razón se te hará más fuerte.

Mírame y tendrás sosiego,

mírame y pisarás el fuego

y el dolor no estará en tu cuerpo ni en tui mente.

Mírame y sabras de paz.

Mírame y obtendrás la muerte.

Sueño

 Besando espinas de rosas marchitas

te encontré bajo aquel silencio que te rodeaba,

solitaria, tu mirada huía de mis llamados.

Cubierta de pétalos dorados,

tus manos sostenían el tallo blanco de la pureza,

como atípica revancha de la lujuria salvaje  

e incontrolable de tus actos.

Desnudaste tus encantos al sol que fue creciendo,

desmesurado y silencioso, 

fueron cayendo los pétalos de tu cuerpo

como mariposas que danzan al viento,

el tallo de tu pureza se deslizó hasta tus pies descalzos

y te acercaste a mí con los ojos desbordante de la pasión,

me sentí enfermo de sensaciones,

me dejé arrastrar por la marea violenta de tus labios,

y me entregué a tu piel suave en un éxtasis desenfrenado.

Todo fue disipándose en mi entorno,

no hubo ruidos ni silencios

sólo tu música cadenciosa reverberaba en mis oídos.

Y cuando apoyé tu cuerpo en el suelo húmedo,

bajo la sombre de un viejo árbol,

comprendí que los sueños dormidos de un niño

con ciertos alguna vez. 


Castigo

 A veces siento una fuerte sensación

que me lleva a desesperar,

la fría mañana despierta,

la lluvia de otoño moja mi soledad

y sólo descubro un vacío inevitable.

Sentenciado entre hierros desalmados,

la conciencia me atormenta

y la guerra se desata en el fondo de mi ser.

Ya no veo casi el sol,

no me rozan más sus rayos,

salvo en débiles destellos.

Si he pecado me arrepiento,

sé que es tarde,

las paredes caen sobre mis hombros,

aplastan todas mis esperanzas,

un cigarrillo entre mis dedos 

arrulla mi destino,

y el soplo de la vida

se escapa de mis manos.