A veces siento una fuerte sensación
que me lleva a desesperar,
la fría mañana despierta,
la lluvia de otoño moja mi soledad
y sólo descubro un vacío inevitable.
Sentenciado entre hierros desalmados,
la conciencia me atormenta
y la guerra se desata en el fondo de mi ser.
Ya no veo casi el sol,
no me rozan más sus rayos,
salvo en débiles destellos.
Si he pecado me arrepiento,
sé que es tarde,
las paredes caen sobre mis hombros,
aplastan todas mis esperanzas,
un cigarrillo entre mis dedos
arrulla mi destino,
y el soplo de la vida
se escapa de mis manos.
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